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MARATON DO LOR


Cuenta la leyenda que por los montes del Courel, una sierra localizada entre Lugo y Ourense, vivía un jabalí centenario, probablemente el  Jabalí más anciano de Galicia, un hermoso macho, de lomo plateado y no se sabe cuántos kilos de peso. Vivía a sus anchas, compartiendo espacio con corzos, lobos, animales que le respetaban, y algún oso que estaba de paso por la sierra.
Fue un tal Álvarez, un vecino de Quiroga y amigo de los animales, el que un día decidió salir en su búsqueda, ver si era real, si era ese Nessy, pero de Quiroga, ese Nessy que habitaba entre el río Sil y el Lor, teniendo la suerte de poder seguirle, nada más y nada menos que durante una jornada entera, de sol a sol, desde Quiroga. Estaba claro el por qué era tan difícil de ver, y es que este jabalí no se movía por caminos, atravesaba escasos núcleos de población, si se pueden llamar así a unas pequeñas aldeas de difícil acceso prácticamente deshabitadas, o unas casas con esas personas que han decidido separarse del mundo e incomunicarse. Y es que nuestro jabalí subía y bajaba por pendientes indescriptibles, especialmente por zonas de barro, clavaba sus pezuñas para poder continuar. Mientras tanto Álvarez sufría para poder seguirle, se agarraba a ramas para subir, se clavaba los orizos de los castaños en las manos para poder continuar, se arañaba con zarzas y se quemaba con ortigas. Y tras horas caminando y sufriendo regresó con una satisfacción indescriptible, no sólo por poder haber visto a ese jabalí sino por haber regresado vivo, y entero tras una lucha contra el terreno y el mismo.


Años después no se volvió a ver ni sentir al jabalí, ¿se esfumaría al mundo etéreo de las almas animales? El caso es que Álvarez, salió a buscarle intentado recordar el camino original que le llevó hacía años a una de sus mayores aventuras, en esta ocasión decidió poner cintas según avanzaba por si se perdía poder regresar, con la mala suerte de que un grupo de personas le seguía rápidamente, alucinantemente rápido, naciendo de esta manera el MARATON DO LOR.

Después de 5 ediciones y hacerme fan absoluto de Quiroga y de cualquier prueba que lleve el sello TOURGALIA y Blas consigo encajar esta prueba en el calendario. Prueba de las pruebas, ya que fue Fernando Arca el que me dijo que para él es el maratón más duro que jamás había corrido. Y es que a él le costó bajar de las 6 horas, para completar los 43 kilómetros y 2.700 metros positivos.

Y es que en condiciones normales, esa distancia y ese desnivel, es más parecido a un Maratón Alpino Madrileño o una Zegama, pruebas en las que él ronda las 4 horas y 30 minutos.

Luego te pones a buscar en internet, fotos y vídeos y ya ves el porqué de tal lentitud. No hay caminos, se cruzan ríos, rocas húmedas, musgo, barro… todo, o sea, todo lo que hace que pueda llegar a ser una prueba tan divertida como infernal.


Yo, personalmente, no recuerdo mucho de la carrera. Salí desconcentrado, me levanté a desayunar y me quedé obnubilado viendo el #BREAKING2 desde el minuto 27 hasta apenas 15 minutos de la salida, que ya es cuando me pongo nervioso. Salimos y Arca aguanta 100 metros con nosotros, cuenta un chiste y se pone a tirar como un animal. En ese momento pensé en el jabalí ¿No sería Arca ese misterioso animal de fábula que estuvo persiguiendo Álvarez durante una jornada?.

Ya los primeros kilómetros son la hostia, por carretera, por pista y finalmente por cortafuego, se hace la primera subida y comienza el cachondeo, a bajar entre árboles, parece la jungla, pero subo, pero bajo, pero me agarro, así hasta que cruzamos un río y de nuevo para arriba, pero salvajemente para arriba, me voy agarrando como puedo. Me puse guantes de bici largos, y he de decir que no me arrepiento, fui clavando manos, agarrándome a raíces, a ramas, a piedra, a orizos… AHHHH DOLORRRR. Termina esa primera subida y llegamos a un primer avituallamiento desde el que se vuelve cómodo durante un rato el camino… Atravesamos varias aldeas flipantes, con construcciones curiosas, con las casas unidas como por pasarelas con las cuadras abajo. Sigo y no me acuerdo de lo que viene… La verdad.




Se que bajamos y de repente llegamos al Lor… en la bajada me coge Sebastián Reboreda, con agilidad, yo no quiero arriesgar, me da miedo lanzarme, y de repente llegamos al río, al principio solo es alguna piedra en el camino, húmeda con musgo, de repente estamos trepando entre piedras sujetándonos en cables dispuestos para los pescadores, sí, para que no se caigan al río. En cambio nosotros jugándonos el tipo, bueno, el que se lo jugase, yo decidí pasarlo todo caminando cual pescador, y ahí me dejó Sebastián, luego me agarró otro corredor e igualmente me dejó… Y así ví de repente como pasé de segundo a cuarto ¿Y?

Sigo a mi ritmo por el río se sube unas escaleras, se cruza y comenzamos a subir por un sendero COMODO, puedo correr, subo corriendo, que bien que a gusto.  Aunque dura poco, ya otra vez en un bosque, arrastrándome hasta que llego a una casa en medio de la nada, donde continuo por un sendero, que me lleva a otra casa en medio de la nada, y donde empieza la bajadaaaa…. ¡PISTA!



Las patas joden, mi madre, yo que quería darle un poco de chicha, pero nada. Acaba la bajada y llego a un pueblín donde de repente viene lo esperado, cruzar el Lor. Son unos segundos, a lo mejor un minuto, pero que gusto, que gozada, que bien sienta, me hubiera quedado nadando. Salgo me extravío unos metros y para volver al camino tengo que  cruzar un reguero… ¡PUACH! De agua caliente… Un ratito por el Lor y de nuevo a subir, menuda subida así para comenzar, con un poco de caída, no veo ni dónde agarrarme. Seguimos subiendo y llegamos al avituallamiento del kilómetro 26, donde me tomo un poco de PROZIS ENERGY  y salgo disparado, un poco de carretera, y durante un rato por pista de subida, donde vuelvo a coger ritmo, es más me enciendo. Que tendrá esto de PROZIS J . el caso es que de repente aparece Sebastián por detrás, llega hasta mí durante un par de minutos, cogemos al que también me adelantó y finalmente dejo a los 2. Salgo de la pista y comienza una trepada por rocas, donde les pierdo definitivamente. Salgo de las rocas y el terreno durante unos kilómetros se vuelve favorable, digo favorable, porque no hay ni trepadas, ni atroches, ni campos a traveses, peros s í pica para arriba, y en algún punto bastante. Comienzo a coger a los de la carrera de 27, y eso me acelera hasta que llego al avituallamiento, para unos segundos, charlo con las damas, y comienza la bajada…


Otra vez ese terreno, sin apenas camino, solo hecho por los corredores que me preceden, pero voy ágil. Realmente se me pasa volando y eso que ya voy chafado. De repente un giro, y comenzamos una subida, por sendero que hago corriendo, de esos momentos que disfrutas corriendo cuesta arriba porque sabes que en algún momento se va a joder. Bajada y de repente la famosa cuerda, hostia, bien dispuesta, y con Guillermo abajo para inmortalizar los momentos críticos de la gente “serán cabrones estos de la organización”.  Cruzamos un regato y comienza la última subida, y su puta madre. Aun así voy cómodo, tiene un aire a Pico Negro, pienso que son solo 600 metros y casi podría decir que se me pasa volando. Llego al avituallamiento fantasma, bebo una botella que dejo allí mismo no como los guarretes que la dejaron luego durante el recorrido, y comienzo el último repecho. Sé que quedan menos de 3 kilómetros y comienzo a saborear mi segundo puesto, hasta que…

¡MIERDAAAAAAAAAAAAAAA! Miro para atrás y un dorsal azul con bastones subiendo encendido, me toca meter una marcha más, bueno, meto todas, el 4x4 las largas pisando a fondo, empiezo a subir a 4 patas, clavando los dedos de las manos y de los pies… hasta que desaparece de mi campo de visión y llego arriba… Aliviado.

Comienza la última bajada e intento bajar a toda leche, pero bueno las piernas dan lo que dan, miro para atrás y no veo a nadie, sigo bajando y sigo mirando y sigo sin ver a nadie. Es un pinar que desprende un calor infernal, sigo bajando y sigo sin ver a nadie por detrás, sólo a los corredores que voy adelantando. Piso asfalto miro para atrás y ya se dónde estoy, apenas 1 kilómetro, lo tengo, no miro para atrás, lo tengo… Estoy, giro, y dentro de meta, en frente del albergue. Beso a Patri, saludo a Alex, el flamante vencedor, y 5 segundos después entra el de Toxiza, Xoan, que ha dado la vida por cogerme… Nos abrazamos como podemos, me dice, te hubiera cogido, nos miramos, nos alegramos, y me traen una cerveza.






Patri hizo su carrera con cuidado, y finalmente logró el tercer puesto en el Quiroga Trail challenge en la categoría MINI, que de MINI no tenía nada. En breve podremos leer su crónica en su Nuevo BLOG, VOLANDO SOBRE LAS MONTANAS que hay que seguir.


Y hasta aquí el romanticismo de una carrera única, una carrera que al menos hay que correr una vez. Hay que estar dispuesto a sufrir penurias, creo que es una carrera más mental que física. No conozco la Barkley Marathon, pero por las referencias que tengo, esta podría ser la versión corta y marcada a la española.  Tourgalia seguirá dando color a Quiroga, bravo por ese equipo.

Mis últimas palabras van dedicadas a Marcos del Coutadas, quiero mandar energía sea como sea.

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