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DESAFIO LURBEL by Lolo Díez



En el año 1992 tuvimos las Olimpiadas en Barcelona, los sevillanos se engalanaron y recibieron al mundo con una de las EXPOS más universales que haya habido y en Ontinyent, un pequeño municipio al sur de la provincia valenciana, un padre, junto con sus dos hijos mayores se echa la mochila a la espalda y emprende, sí, emprende. Monta una pequeña empresa dedicada a la manufactura de calcetines.

Con el paso de los años y con ese padre jubilado, son sus hijos, Miguel, el mayor de 46 años, Rafa y Javi, los que tiraron del carro y especializaron la marca, la internacionalizaron y hoy en día es una de las marcas deportivas referentes con visos de crecer y crecer, y sí, se llama LURBEL, y cumple 25 años, y ¿Y cuál es la mejor manera de celebrarlo? Haciendo que todo el mundo se ponga unos calcetines y se ponga a hacer deporte: DESAFIOLURBEL.

Este Desafío con varias ediciones a la espalda tiene lugar en  Yeste, municipio de Albacete recordado por el gran incendio que en 1994 acabó con 13.000 hectáreas de monte y acabó con la vida de una persona. Yeste es un municipio histórico con su Castillo musulmán del siglo XII que acabó perteneciendo a la orden de Santiago, que por cierto no sabía yo que esta orden era originaria de Uclés, lugar al que llegué en bicicleta desde ¡Coslada!, bueno, o de León, según quien cuente la historia. E histórico seguirá siendo, ya no por las batallas entre musulmanes y cristianos que haberlas las hubo, sino por las batallas que iban a tener que lidiar corredores y ciclistas con el abrupto terreno, con las rocas, y senderos de la Serranía del Segura.

Y es que el Desafio Lurbel, 25º Aniversario, iba a ser completo para todos, ya que los amantes de los deportes “Outdoor” (como mola este anglicismo) iban a tener cabida de alguna u otra manera. Este año coincidiendo con el aniversario a las pruebas de TRAIL de 11 Km, de 25 Km y de 45 Km se añadía una prueba el domingo de BTT de 70 Kilómetros y lo que yo considero el DESAFIO LURBEL, y no es porque fuera la prueba que yo elegí, sino porque me parece la más puta, la combinada del TRAIL de 25 Km y la BTT de 70 Km… aunque siempre puede ser más puta, 45 y 70 (¡notita para los organizadores!)

Como iba diciendo elegí correr la combinada, por dos motivos: de cara a la Dragon’s Back Race y así competir dos días duros seguidos, y porque me apetecía hacer una de Mountain Bike, que una vez al año no hace daño.

El TRAIL en si, el de 25 km de 1.300 metros positivos, no parecía muy duro, y así fue. Un recorrido muy juguetón con zonas muy rápidas por senderos que a pie no tenían ninguna dificultad… excepto la última subida, por una canal hasta la zona más alta de la carrera, el Monte Ardal. Personalmente, no sabía cómo me iba a tomar esta primera etapa, no sabía quién corría no sabía nada, y no fue hasta la salida cuando decidí mi estrategia: salir a morir. Salí a ritmo y mirando dorsales, vi que los 3 primeros no corrían el “duatlón” y como que me relajé, de repente me pasa un geiperman, le veo con una planta ciclista acojonante (del verbo acojonar, o sea, meter miedo que te cagas) y va muy fuerte, embutido en un mono de triatlón, tipazo, y digo este es de los míos, y no fallo, Jordi. Se me va en un llano, y sigo a mi ritmo, para que morir tan pronto, pudiendo retrasarlo. 


El caso es que sigo a mi ritmo, me arrejunto con Vicente, otro corredor que doblaba, y otro más. Bajamos controlando, y en un tramo de pista el tema se nos va de las manos, y el rodaje es ir a muerte. Pasamos a Jordi, y comienza una subida dura donde me quedo solo. Subo, subo y subo, y luego, bajo y bajo, para volver a subir al Monte Ardal. Todo el ritmo, ese de ir corriendo todo el rato, lo pago en la subida al Monte Ardal, por una especie de canal, con el suelo resbaladizo. Me coge Vicente tiro con él, y encumbramos prácticamente juntos., y a pesar de los calambres me tiro en el último descenso a Yeste, mientras adelantaba a participantes de la Sprint Trail, que por cierto fue muy divertido, yo gritaba: ¡Por la derecha! Y unos se iban a la izquierda, otros a la derecha, otros se sobresaltaban otros se quedaban inmóviles en grupo formando una verdadera barrera imposible de atravesar, hasta que un quiebro de uno de ellos me echa al suelo, por suerte nadie se dio cuenta. La entrada en Yeste muy chula callejeando, por calles angostas y retorcidas. Finalmente entro en meta, cuarto de la general y primero de los duatletas… Ahora tocaba recuperar, y que mejor que con la paella y unas cuantas cervezas mientras podíamos ver bicicletas de las caras, de las muy caras en la feria del corredor.


Duermo bien, como un tronco, y estoy bastante descansado, y me preparo para mi carrera anual de BTT (Bicicleta Todo Terreno usease Mountain Bike). Por delante 70 kilómetros y 3.000 metros de desnivel positivo. Todo el mundo habla de los desniveles, del terreno, de la tecnicidad y todos con la misma conclusión: Esto va a ser más duro que un día sin pan.
Nos colocamos en la salida a las a fueras de Yeste. Allí empiezo a ver a los machacas del Berria, del no sé qué, veo justo delante de mí, a un tío, que se orina encima… y pienso: “Esto es serio”. Salimos y supuestamente neutralizada ¡UN HUEVO!. Ya se sale a un buen ritmo. Pero no es hasta el paso por Yeste y la primera subida cuando el pelotón se desmenuza y cada uno busca su lugar: el mío, en el tranquilo. Aun así la primera subida, un puerto muy largo lo llevo bastante bien, buen ritmo, y cómodo, la primera bajada igual, cómoda por pista, un repecho y… “¡coño, por aquí ya pasé ayer!” “¡Mierda! Ahora hay que bajar por ahí” … y así fue, primera bajada complicadilla, en la que bajo a mi ritmo y voy cediendo paso a los que viene como balas, yo no me juego nada, más que perderme la temporada entera, lesionarme o hacerme daño, por lo que porque obstaculizar. Bajamos y empiezo a disfrutar, en algún momento tengo amago de hostiazo, pero lo salvo, siempre con clase.
Comienza la segunda subida y cojo a muchos de los que me adelantaron bajando. La verdad es que mi percepción de las subidas en bicicleta ha cambiado mucho desde que corro, así a primera vista me parecen fáciles, con poco desnivel. Pongo el pie a tierra en alguna ocasión, no controlo tanto la bicicleta y así poco a poco sin mucho desgaste llego arriba.


Otra bajada, y realmente lo que está marcando la diferencia, al principio cómodo pero una vez nos meten por senderos con saltos, rocas, troncos, pues soy como un paquete con ruedas… Sigo dejando que me adelanten, sin vergüenza alguna y así llego hasta Arguellite donde me encuentro con Patri que me da unos polvos maravillosos de PROZIS y la tercera subida. El primero del duatlón me saca en el km 35 unos 20 minutos y el que va segundo me saca 4, por lo que sigo en segunda posición de la combinada. La tercera subida por carretera se me hace muy corta, excepto un repecho para atravesar un pueblo es bastante llevadera. Culmino y arriba unos paisanos con una mesa de camping, vino y chorizo nos animaban, que maravilla.

Pasado el Ecuador de la carrera y camino de Villar de Tus, una bajada cómoda y muy bonita por un sendero (incluida una pedrera que no mencionaré porque bajé corriendo). Comienzo la subida a Villar de Tus que igualmente es por carretera. Un avituallamiento donde paro a coger agua con su tallercito por si tuvieras alguna incidencia y me meto con la cuarta subida. Muy abierta y con unos paisajes brutales y con un calor que ya empezaba a apretar. La subida es larga y en un giro coge un desnivel bastante bueno, y las piernas ya comienzan a tiritar. 4 revueltas más arriba el terreno se vuelve inestable y es mejor bajarse de la bici, bueno, en mi caso. En un momento veo que el terreno se pone un poco más cómodo y decido volver a subirme con la mala suerte de que doy una pedalada en el aire y caigo de lado a velocidad 0, con los subsiguientes calambres del impacto. En ese punto y tirado en el suelo me saluda José Manuel Abellán de Jumilla, otro duatleta… así hablando me recuerda que le saco del trail 26 minutos. Quedan menos de 20 kilómetros y no me encuentro mal, dudo que me lo recorte, pero él, muy pillo, me amenaza, voy a por ello. Ojiplático veo como en el descenso se tira a morir y a mí no me queda otra que no intentar perder comba. Por suerte es pista y le tengo todo el rato a la vista, pero en tensión. Llego al avituallamiento y le doy alcance, salimos juntos, pero en una pequeña tachuela que nos separaba de EL TUBO DE BOCHE no pude seguirle. Se me fue, veía como desaparecía, como era un punto blanco con una bicicleta roja, hasta que comienza la bajada. Todas mis esperanzas se desvanecían de darle alcance, ahora solo me quedaba el consuelo de que en 10 kilómetros era difícil que me recortara 26 minutos ¿o si?. El caso es que la bajada fue la más dura y técnica del recorrido, o eso me lo pareció a mí. En más de una ocasión tuve que bajar andando, o parcialmente lo hice todo el rato. La cota más baja de la prueba y por delante el P…o Tubo de Boche, o sea, 2,8 kilómetros al 18% de media… que sumado al cansancio, al calor, a todo, hizo que fuese un infierno. La primera rampa echo el pie a tierra, y continuo hasta que decido montarme en la bici, ya no soy capaz de mover mi desarrollo 26x31, el más liviano, me bajo, me vuelvo a subir y así poco a poco se me pasa volando el tubo, de repente oigo voces, y pienso… “Eso es un grupo de cabrones animando en el tramo más duro, viendo como la gente intenta subir una rampa prácticamente imposible mientras le patinan las ruedas” y joder, es que no fallé, allí estaba José Luis Nava y un par de decenas más de personas, hasta con cerveza. Javi Lurbe me anima, un repecho más y estoy en Boche donde me encuentro con Patri. 


Sigue subiendo el tema, me vuelvo a bajar y de repente me doy cuenta que estoy en los primeros kilómetros del Trail del día anterior. Estoy cerca, huelo a meta, y “se me” salta la primera lágrima, mierda es el polvo del que me acaba de pasar, pero aun así empiezo a emocionarme. Veo Yeste y la última parte del descenso al pueblo, por los escalones de pierda. No tengo fuerza en los brazos. Me bajo de la bici. Me animan como si los bajase saltando. Cruzo la carretera. Más escalones que paso en bici. Entro en el pueblo más escalones que paso andando. ltimo repecho a meta, y me retuerzo, entro, entro…. Estoy dentro. Ahora sí rompo a llorar, más por dentro que por fuera, hace mucho calor y las lágrimas se me evaporan. Entro en 5 horas y 29 minutos, me he ido del tiempo que estimaba hacer y me descojono solo. En la clasificación entro entre los 50 primeros, lo que me alegra, y el  4º machaca de la combinada. En meta veo a José Manuel y le miro y me dice… 13 minutos. Lo que significa que en apenas 10 kilómetros me ha metido 13 minutos, pero no lo suficiente como para sacarme del pódium de este durísimo DESAFIO LURBEL.


Dura combinada, dura carrera de BTT que me recuerda que para andar bien en BTT hay que entrenar BTT y no basta con hacer tiradas largas por pistas… He sido un insolente.

Chapeaux a la organización, un FESTIVAL del deporte, un DESAFIO para todos los públicos, porque al final es tanto un DESAFIO para algunos correr la de 10 kilómetros como hacer la COMBINADA, aunque… hago un llamamiento a los LURBE Bros., si queréis que vuelve el año que viene…
¡La combinada ha de ser 45TRAIL+70BTT!





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