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Trail Peñalara 80

La gente escucha Madrid, y piensa en la urbe, en las torres KIO, en la Puerta del Sol, en la Castellana, en trajín, en ajetreo, en negocios, pero muy pocos, realmente muy pocos conocen todos los secretos de esta hermosa y bella comunidad que es la de Madrid.

Aunque yo me haya autoproclamado berciano, de Santa Cruz del Sil, pues no, no lo soy. Nací así como un 19 de mayo de 1.979 en el hospital de La Paz de Madrid. Y aunque soy un defensor a ultranza de todos los valores que tiene mi hermoso, y querido Bierzo, también soy una persona que admira y quiere a su querido Madrid. Madrid esconde mucha y diversa variedad paisajística y natural. Somos una comunidad que podemos presumir de tener unos bosques hermosos adehesados donde hasta no hace mucho habitaba algún Lince, tierras de olivos  con sus mochuelos, bosques hermosos de ribera, ya sean del Tajo, del Jarama, Henares o Alberche, o lo que nos acontece, una hermosa sierra que en diagonal divide y separa el norte de Castilla de la Comunidad de Madrid, una sierra que acaba de ser catalogada como Parque Nacional, el Parque Nacional de Guadarrama, y una sierra que alberga, una de las carreras que con sus no muchas ediciones ha conseguido llamar la atención a mil personas, entre ellas servidor: El Gran Trail de Peñalara.

 



La verdad es que ya me había llamado la atención, pero siendo sincero, nunca la corrí, porque como ser humano que soy, me había puesto barreras que poco tenían que ver con el deporte, pero que con el paso del  tiempo, y la madurez pues uno las encuentra un poco absurdas, y por eso, en las primeras semanas de enero, un click, me bastó para inscribirme en el Gran Trail, pero no en su versión larga, si no en la versión de 80, el TP80. Y esto, tiene su explicación. Salir a las 06:00 me permite correr la carrera en su totalidad por el día, y así poder disfrutar de los paisajes, y de la gente animando, de vivir verdaderos momentos apasionantes (¡esto no quita que saliendo por la noche no se vivan!), en cambio saliendo por la noche, más de la mitad de la carrera iba a ser un correr por correr, para acabar a medio día y no haber disfrutado de la misma manera. Por esas, 80 Kilómetros… A tope.

 
El Trail de Peñalara en sí, no es una carrera muy dura técnicamente hablando, digamos que es una carrera que el propio corredor hará dura según las pretensiones que lleve. Básicamente son tres subidas, dos largas y una corta pero con un repecho muy duro. Y creo que lo mejor para poder resumir el recorrido es que os lo cuente en primera persona.

 
28 de Junio y seis y cuarto de la mañana se da la salida en Miraflores, la verdad, un poquito desangelada, sin mucha parafernalia, ni arco, ni banderolas, por no haber no había ni megáfono, por lo que me di cuenta de que salíamos cuando Felipe entonaba el 3,2,1 al lado mío mientras quitaba la cinta.

Salí como un obús, a mi ritmo pero rápido, por el rabillo del ojo vi a José Antonio Luna, que compartió conmigo muchos kilómetros en la Trans d’Havet el año pasado, y a un catalán que me sonaba y si, resultó ser Jaume Folguera. Yo seguí a mi ritmo, los 8 primeros kilómetros hasta la Hoya de San Blas son muy rápidos y cómodos, ya no miro para atrás, es una pista a través de un pinar bastante bonita. De repente me encuentro a Javierre de frente, y me desvía por un sendero y sé que comienza la subida a la Najarra. Al principio un sendero cómodo hasta que se sale de la arboleda, hasta llegar a las trampas para cabras, allí existen dos opciones, subir paralelo a las crestas de la Najarra o hacer zetas hasta enlazar con la Cuerda Larga. Yo juraría que en el mapa me pareció ver que se subía cholón, pero no fue así, nos pusimos a hacer zetas hasta alcanzar la Cuerda Larga (¿Pudiera ser este uno de los desfases de kilómetros?). En una de estas curvas veo a José por detrás, no viene muy lejos, pero tampoco me preocupa. Sigo subiendo y ¡hostia! me pincho en el pie con un piorno y no veas como molesta, me quito la zapatilla pero no veo nada, pero el pinchazo sigue ahí. Me olvido de él, aunque sigue el dolor. Corono y me pongo a bajar sin forzar la Najarra hasta la Morcuera, un descenso algo técnico que me hace pegar unos brincos muy alegras. Ya veo la Morcuera, y a su vez veo a mi padre sentado en un pedrusco, le saludo, y sigo hasta el avituallamiento. Allí está Patri que me da un bote de agua y continúo en mi cabalgada hasta la Rascafría.

 
Esta bajada sería la tercera vez que la hago en este año, más que nada porque se puede correr mucho y tampoco quiero desfasarme y llegar a Rascafría descojonado. Pongo ritmo crucero 4m15s el kilómetro y en la medida de lo posible lo aguanto así hasta llegar a las Presillas donde se allana el camino y cuesta más avanzar. Adelanto durante el descenso a mucha gente conocida, y a otros que no, que están haciendo la larga y realmente van muy mal. Voy mirando el reloj y ya me percato que lo del kilometraje va a ser de risa, estoy en las Presillas y llevo 30 kilómetros: no cuadra. Sigo avanzando por el carril bici paralelo a la carretera de Cotos hasta llegar a la entrada de Rascafría. Realmente este trozo se me hace eterno, para que mentir, es feo esto de ir por aquí cuando hay un camino muy bonito justo pasado el puente, pero bueno, para que pensarlo: la carrera va por aquí. Llego al pueblo y empezamos a subir para llegar al polideportivo donde se encuentra el avituallamiento. Allí mucha gente me anima, me tomo mi tiempo sin gastar mucha energía ni dormirme, me hacen el control de material tomo un batido y cojo los víveres necesarios para continuar hasta la Granja de San Ildefonso. 




Salgo del avituallamiento y directamente comenzamos a subir, será una subida de unos 16 kilómetros hasta coronar el Pico de Peñalara de 2.430 metros, saliendo desde los 1.100 de Rascafría. Al principio comenzamos por una carretera que nos deja en una pista y acaba en un sendero donde empiezan las infinitas curvas. Salgo y voy a buen ritmo. Decido poner una marcha menos y subir rápido andando y trotando de vez en cuando. Al principio voy bien y regulo mucho. Pasado un bueno rato me coge Luna, y tiro con él, pero lleva un ritmo demasiado alto y veo que así no hay manera de llegar a ningún sitio. Llegamos a la pista, al puerto del Reventón propiamente dicho y sigo con mi marcheta, unos metros corriendo unos metros andando. Tengo agua pero empiezo a tener calor y sed, está comenzando a pegar el calor pero bien, sigo subiendo, mientras oteo posibles regueros, y nada. Poco a poco se acerca el Reventón y de repente veo unas carpas que resultan ser el avituallamiento. Bebo agua, bastante para ser exactos, y relleno, me tomo un gel y continuo, pero nada, no aguanto ni 200 meteros cuando me fallan las piernas y la cabeza, intento dar algún paso más pero no, me tengo que sentar. En algún momento me pasó Jaume, no lo vi. Me levanto y sigo con una gran debilidad. En el puerto del Reventón están la gente de La Acebeda, me animan, Baeza me apoya y tiro hacia Peñalara, pero nada, al poco me vuelve a dar un punto de debilidad y me siento en unas rocas a ver a la gente pasar.



Y veo a la gente pasar, y todo el mundo me ofrece algo, se paran, me animan, caras conocidas que ofrecen su comida al ver a un tío tirado como una colilla. Llamo a mi padre, y le doy la “buena” noticia, les digo que voy a tomármelo con calma, incluso esperaría a Carlos sentado y animando a la gente. El me advierte que a Carlos le sacaba más de 45 minutos en Rascafría, le cuelgo. Tras un rato sentado, me levanto y me pongo a caminar, pienso que ya me cogería Carlos, pero bueno tras beberme un bote entero de agua y tomarme un gel, las piernas como que van mejor, mucho mejor, comienzo a adelantar a gente, y voy cogiendo un buen ritmo de crucero, cojo y cojo a gente, y me siento bien. Las patas están de llevar 43 kilómetros pero se están defendiendo. Llamo a mi padre, y le digo “continuamos con el plan inicial, si me desmayo no será aquí, será en meta”.

Conozco bien el camino y veo Claveles al fondo, sé que son dos lomas las que hay que subir y bajar antes de encarar esa cresta y me voy poco a poco motivando. Tras un par de toboganes me pongo en la Laguna de los Pájaros. Allí pego el último sorbo al agua, sé que es arriesgado pero no queda otra estoy sediento y una vez pasada la cima en el Chozo Aranguez hay un arroyo con agua muy fresca. Me remojo en la Laguna y comienzo a subir, a un ritmo más que ligero. Se oyen gritos, animan a los corredores enfervorecidamente, y eso es un plus. Hay mucho caminante y animan también, pero no sé si eso será bueno. Comienzo la trepada a Claveles, mucha gente de la de 60 y de la de 110 allí atascados, así como muchos caminantes que no saben dónde se ha metido (Es domingo y hace bueno… ejem ejem) Llego arriba, al llano antes de acceder al risco, y me llama la atención que vamos por la parte de abajo, mejor. Adelanto a unos cuantos de la de 60 y 110 y finalmente el sendero nos deja en los bloques de Claveles, y alucino cuanta gente puede haber entre corredores y senderistas, y que peligroso veo el asunto. Son 200 metros que tenemos que compartir camino, y yo ando con cuidado e intentando respetar a la gente de mi alrededor incluso poniendo mi pellejo en el aire, pero la gente en general no, no respetaban que anduviésemos corriendo o andando un poquito más rápido, y se convertía el asunto en peligroso. Pasé los bloques y con alivio y un par de gotas de sudor extra encaro la última rampa hasta Peñalara, mucha gente en la cima, que gustazo.



 
Comienzo la bajada: al principio la zona de lajas estaba un poco atascado, pero una vez en el sendero cojo velocidad y sigo en modo misil hasta el chozo. Allí paro, busco mi arroyo y me hincho a agua, charlo un rato con unos paisanos ahí y me dicen que al segundo no le tengo muy lejos. Me pongo en marcha y durante unos minutos disfruto de uno de los rincones más bellos de toda la Sierra de Guadarrama, un pinar con sus arroyos y praderas que te llevan hasta los Alpes, Alaska… no se… hermoso no, lo siguiente. Sigo a mi ritmo, y poco a poco, voy cogiendo velocidad. Paso por otro avituallamiento y me dicen que quedan 5 kilómetros para el avituallamiento, miro el GPS y me descuadra un poco, porque supuestamente el avituallamiento de La Granja está en el 55, y casi llevo 53, a los que si sumo 5… pues… eso. Sigo bajando y de repente me encuentro a Luna. Parece que se había saltado un sendero y tuvo que dar un paseo extra. Nos vamos los dos por un sendero hermoso por encima de los jardines de La Granja, un poco puto, sube y baja, pero bonito hasta que cogemos el muro de estos. Allí un kilómetro rápido y estamos en el avituallamiento.

No paro mucho en La Granja, me encuentro bien y no quiero perder ritmo, como un poco de plátano, un poco de cola y a zumbar. Luna se ha quedado reponiendo y pensé que ya me pillaría. La salida de La Granja estaba muy mal señalizada. Un voluntario me indicó cruzar y seguir dirección Valsaín, pero vi una cinta que se perdía entre unos árboles y tiré por ahí, luego vi otra y sabía que estaba en la dirección. Este camino nos hacía retroceder un poco, y luego ya durante “no sé cuántos kilómetros” a la orilla del río Eresma. Este camino es horrible, pica en todo momento un poquito para arriba, y se hace eterno, por eso en este momento, apliqué el “no pienses, corre” de Chema Martínez, por lo que puse un ritmo y sin pensarlo a correr. Miré dos veces el GPS y vi que funcionaba, iba a 5 minutos 30 segundos el kilómetro. Lógicamente en la pocas subidas que había caminaba y aprovechaba para descansar, pero pocas hubo de esas. Al llegar a Valsaín me encuentro a Luna, había venido por el camino paralelo a la carretera, como ya he dicho eso punto era un pelín desordenado, y me advierte que no venía solo. Entonces nos pusimos mano a mano. Al llegar él, sin querer, cogimos un pelín más de velocidad, poco a poco las conversaciones se iban apagando y llego un momento en el que Luna ya no venía conmigo. Seguí a mi ritmo, y en un punto vi que había un cambio respecto al recorrido del año pasado, en vez de seguir por el Eresma, nos desviábamos por la derecha por un camino que bordeaba un poco más pero nos dejaba directamente en el avituallamiento de la Casa de la Pesca.
 
Me noto fuerte, repongo un poco y continúo hacia la Fuenfría. Este tramo lo he entrenado y me permito el lujo de subirlo a buen ritmo, un trotecillo o una marcha rápida no sé cómo definirlo hasta llegar al Arrastradero, tan temido por unos y tan deseado por mí, ya que sabía que una vez pasado eso, ya estaba todo hecho. Subo el arrastradero fuerte, además me dijeron que Jaume había flojeado, y yo me notaba mejor por lo que metí una marcha más. Llego a la fuente de la Fuenfría y Oswaldo que estaba allí animando me dice que me saca más de lo que pensaba, me chafa un poco pero bueno, me da igual sigo a mi ritmo y encaro el Camino Schmidt. Voy adelantando a corredores, a Mayayo que se mete con mis flores, a uno que se acopla un  rato y al final acaba espanzurrado en una roca, y finalmente a Raúl Ureña con el que hago el tramo hasta el Puerto de Navacerrada. El kilómetro 80 lo paso en 9 horas 43 minutos antes de llegar a las pistas de esquí del Puerto por el Schmidt, ya me doy cuenta que los kilómetros no cuadran nada. Bajo desde la residencia con calma hasta el puerto, allí tengo a todo el Club de Fans de John Boy, me animan y les veo sonrientes, me permito hasta bromear con ellos.


Allí me encuentro a unos salmantinos, Alejandro Mato y compañía, que se ponen a darme la chapa durante un rato largo: joder, no ven que voy corriendo, qué es eso de preguntarme, por el vertical, por la Ancares 3 Trails... ¡GRACIAS CHICOS! Emburriaderos y bajar a saco hasta el tubo. Estoy disfrutando, van a salir 90 kilómetros y me gusta. Bajo a gusto, me planto en la Barranca, además casi hasta el Parque Aventura por el sendero que me gusta y no por la pista. Llego al parquin y mi amiga Ana (Memphis) me canta 4 kilómetros a meta… y grito despavorido ¿¿¿4 KILOMETROSSSSS??? Pero si llevo 88. Aprieto dientes y sigo bajando como puedo, ya no me dan más las piernas. Adelanto a los portugueses de Desafio2000 o algo así, vaya petada que llevan. Llego a la carretera, cruzo y escucho a Depa de fondo. Corro tanto como puedo, que no es mucho, pero está bien. Callejeo un poco, toco todas las palmas de los niños que andan por allí, me acerco a la meta, me quito las La Sportiva Q-Lite, las doy su homenaje, que las aplaudan. Una alfombra azul, veo a mis amigos a mi familia, a Patri, acabo en 10 horas y 54 minutos con 91,6 Kilómetros y SEGUNDO, qué más puedo pedir, ¿no?

Y todo esto demuestra que todo es un Kaos, que puedes morir y revivir en una carrera en un abrir de ojos, que no puedes dar nada por sentado. La única lucha posible es contigo mismo y con tu mente, porque el resto se puede vencer.


Y respecto y valoración de la carrera: Una carrera rápida hasta cierto punto, no es muy exigente pero tiene tramos bastante técnicos. No toqué prácticamente los avituallamientos por lo que no puedo valorarlos. El marcaje muy bueno exceptuando la salida de La Granja que puede ser mejorable. Pero ante todo el no tener cotejada bien la distancia del recorrido, ya que se crea o no, 5 kilómetros más de lo establecido hace mucho daño. Una carrera que se vende de 80, luego resulta ser en mapa de 86 y finalmente son 90, pues no tiene mucho sentido. Muchas veces y a nosotros nos ha ocurrido en algún marcaje de  alguna carrera tiene mucho que ver el hacerla por trozos, hacerla en segmentos. A la hora de acoplarlos puede dar error, o incluso como yo pienso la subida a la Najarra no fue por la que nos marcaron, pero bueno, no sé, el año que viene la llamarán TP90, y la gente irá a disfrutar como enanos, porque para eso están estas cosas ¿No?
 
 

2 comentarios:

Dragonkik55 dijo...

Me ha gustado mucho tu crónica,lo cuentas muy ligero, con alegría, sin épica ni heroicidades, como debe ser, aunque seguro que sufriste lo suyo, pero hay que quedrse con el disfrute.

Coincidimos en muchas partes de la carrera, me pasaste como un obús pasado el avituallamiento de Morcuera, te pasé en la pista del Reventón casi llegando al avituallamiento, que hice más largo que tú, y luego te ví sentado antes de coronar. Me quedé un poco preocupado, te ofrecí agua y geles, pero me dijiste que llevabas de todo.

Me alegro mucho que tuvieras esa resurrección, que es tan adictiva en los ultras, mueres y de pronto vas poco a poco reviviendo hasta encontrarte más fuerte que cuando empezaste.

Enhorabuena por ese podium tan luchado, te lo mereces¡¡

Manuel "Lolo" Díez dijo...

Es que la vida está llena de momentos épicos, mejor vivirla que contarla, no?

Pues muchas gracias... fue dura, pero hay qu epelar!