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VULCANO ULTRA TRAIL

Me he ido casi a uno de los lugares más alejados de España para correr alrededor de un Volcán y no subirlo. El Volcán Osorno en Chile… una experiencia, grata, dura e inolvidable.
 
 
Según la enciclopedia más internacional creada recientemente, o sea, la Wikipedia, el Volcán Osorno es un estratovolcán (volcán cónico y de gran altura, compuesto por múltiples capas de lava endurecida, piroclastos alternantes y cenizas volcánicas, como nuestro querido Teide en Tenerife) que está situado en la Patagonia chilena al borde del lago Llanquihue en la región de los Lagos. El nombre nativo huiliche (mapuches) es Peripillán, pero como los españoles somos como somos, y en su época éramos tontos del culo, pues como se veía desde la ciudad de Osorno, pues dijimos… Ah!!! Llamémosle OSORNO… o sea como mis padres que mi padre se llama Manolo, y dijeron… AH!!! Llamemos a nuestro primogénito “Manuel” (lo hicieron también con mi hermana, llamarla como mi madre, y eso que no era primogénita, ya que el primogénito era yo… bueno o eso creo). Mide 2.652 metros y está a unos 60 kilómetros de la ciudad de Puerto Varas… la que sería la sede social de este evento…
VULCANO ULTRA TRAIL
 
Busco en la Wikipedia… CANUTO, y me aparece un tal Canuto II el Grande, vikingo, rey de Dinamarca de 995… pues no es el que buscaba yo. Sigo buscando y busco Rodrigo Errázuriz… y me aparece un ingeniero chileno que fue presidente de Endesa… pues va a ser que no. Pero si en cambio pregunto a cualquier corredor de montaña, o alpinista en Chile, por uno de esos dos nombres me van a contestar… LA LEYENDA.
Pues la Leyenda, me incitó y calentó para que me pegara semejante viaje e ir a Chile para correr una carrerita de 60 Km y 2.900 m positivos. Me lo vendió bien, carne, cerveza y correr mucho, conocer una región que no conocía, es decir que ni lo dudé. Y allí me planté.
Fui unos días antes para aclimatar, pasar del frío continental europeo, al calorcito del verano de Santiago. Tuve la suerte de conocer un centro comercial dedicado exclusivamente al deporte, con mountain bike y outdoors como reyes de tan gran “Shoping Center”, apología al capitalismo mundial… cuanto dinero se puede llegar a gastar allí. Como soy un afortunado tuve la suerte de disfrutar de un entreno con un grupo de Trail de Santiago, conocido como los Animal Trail liderado por un tal, Pre, que menuda PREdrada tenía en la cabeza. Lo que se suponía una salida tranquila se convirtió en un ir y devenir de ataques descontrolados, es más, creo que tuve una excitación. Mi tiempo en Santiago se terminaba. Guiado por el equipo de Lafuma Chile, con Cata y el Pelado, enormes personajes, descubrí el auge y potencial que tiene esto de correr por montaña, la de carreras incipientes que hay, las ganas de hacer, y las ganas de las marcas por apostar, o sea un paraíso.
Abandoné Santiago dirección el sur, avión, y Puerto Montt, que me recibió con una lluvia, así como que húmeda. Allí conocí a parte de la organización, que se iba a encargar de mi hasta que el equipo Lafuma me recogiera al día siguiente. Y aquí comenzó el festival, un trote con Horacio Lyon desde su casa a las afueras de Puerto Varas, me metió en situación. Yo tenía claro que está carrera no iba a ser como ninguna de las que he corrido, el terreno muy variado iba a enloquecer todo tipo de neuronas, sobre todo las que están a punto de morir. Horacio me relató como surgió la carrera, los apoyos, el gasto, y buff… un aplauso por la apuesta, ya que viendo desde el punto organizativo requiere mucho mucho meterse en un evento. Lo bonito de estos proyectos, viene cuando los que lo hacen son gente que vive y sueña con las zapatillas. Entre ellos y luego la ayuda de Canuto… pues… surgió lo que surgió.
Reconocí el terreno y flipé, llegué pensando que 60 Km y 2.900 m positivos, era como Chiva y ahí sin estar muy en forma hice 6 h 55 m. Después de reconocer la carrera de 15 Km, me di cuenta de que iba a ser un poquito más. Este año no he tenido el mejor rendimiento físico de mi vida, la pubalgía es un gran enemigo, por lo que encima me plantaba en la salida con bastante miedo.
La entrega de dorsales ya fue una fiesta, EN UN CASINO, entre maquinas tragaperras, cabareteras (yo no vi ninguna, pero seguro había), fotos, tazas, tiendas, corredores variopintos, ilusionados con sus respectivas carreras. La gente desprendía ilusión. Solo hay que pensar que la mayoría de la gente se había desplazado desde bastante lejos para correr 15, 30 o 60 Km, hasta 9 nacionalidades, desde chilenos hasta zimbaweses…
A las 4 de la mañana en pie, un sábado, como cualquier día laboral mío en España, por lo que no me supuso ningún trauma y de ahí en coche una horita hasta la Playa de Petrohue a las faldas del Volcán Osorno donde tendría lugar la salida, llegada y control intermedio de la prueba.
A las 6 de la mañana con puntualidad suiza se da la salida. Salgo a mi ritmo, y salgo el primero, pongo mi ritmo y todos me siguen. Creo que se han pasado aquí en Chile con tanta publicidad. Pero bueno mi protagonismo dura poco, Mr Trecaman, favorito para ganar la prueba y finalmente ganador, pega un cambio de ritmo justo al llegar al cuarto kilómetro. Hasta ese punto nos habíamos encontrado con un camino de arena suelta con una ligera pendiente, pero justo en el lugar de su "ataque", nos encontrábamos con que la pendiente aumentaba y nos metíamos en el cauce de un río seco con bloques de piedra y trepadas, lo que durante un kilómetro rompió totalmente el grupo. Poco a poco se coge altura, cada vez nos introducimos más en un paisaje lunar, prácticamente desértico, con algún que otro matorral y vamos dejando el volcán a nuestra espalda, yo no paro de correr, me tomo la subida a mi ritmo, los corredores pasan por delante, se quedan, pero yo me mantengo en mis trece, llegando al primer avituallamiento en Desolación, collado entre el volcán y la última ascensión dirección La Picada bastante suelto.
El recuerdo que tengo de este tramo es fascinante, una durísima subida, con viento, el sol en contra y alguna nube que daba un aspecto desolador (me imagino que de ahí viene lo de desolación). Llegamos al punto más alto de la carrera, a casi 1.400 metros, un grupito formado por un argentino, varios chilenos y yo, y en este punto comienza la bajada más larga, 1.200 metros negativos en 16 kilómetros. La primera parte era fascinante, arena arena y toneladas de arena, podías volar que sabías que ibas a caer en blando, hasta que de repente, NO, no caías en blando, además por desgracia, el gustirrinín que daba caer en blando no quedaba compensado con la cantidad de arena que acumulaban las zapatillas a pesar de llevar polainas. En medio de la bajada un repechón, y continuamos bajando. En mitad de la bajada, nos miramos mi compañero de bajada (el único que me aguantó), Mario Ortega y yo, y paramos a sacarnos arena de las zapatillas, a mi por desgracia se me había acumulado toda en el dedo gordo del pie izquierdo, y en 15 minutos de bajada ya era una suculenta ampolla. A partir de aquí el terreno se volvía muy puto, bajabas, subías, arena, trepada por arena, bajada por arena, llano largo pedregoso, bajada con mucha pendiente, hasta que llegamos al avituallamiento del kilómetro 20, que llamaron Todos los Santos. En ese punto yo noto nerviosismo al grupo, nos empezamos a acelerar, uno tira, tira otro hasta que llegamos a la playa del Lago Todos Los Santos. En ese punto pido perdón al compañero que viene detrás, Leo Pereyra de Argentina, y me tiro una pedorruta, si un pedo que resultó ser cagarruta, pues a parar, y en consecuencia a quedarme del grupo. Un tramo tan hermoso como pestoso, hasta que llegamos a la playa y 2 kilómetros de vadeo que se hacen interminables, porque además vas viendo a todo el mundo por delante.

Paso por meta, en el kilómetro 30 para empezar la segunda mitad, Trecaman me saca 25 minutos, y el grupo perseguidor de este unos 5. Me daba igual, lo importante era acabar, es más no tenía mucha idea del puesto en el que iba, séptimo, creo. La subida comienza con una ligera pendiente, se puede correr, hasta que me canso de los “p…s” bancos de arena y me pongo a caminar, me pasan 2 corredores y después de estos me pasan los que hacen la de 30 Kilómetros, que me animan y animo. La pendiente cada vez es más dura hasta que nos metemos en un canal de agua del deshielo del glaciar, 3 Kilómetros con 900 positivos. El sol calienta y llevo ya un rato caminando, solo llevaba 0,5 litros de agua porque me habían dicho que encontraríamos agua por el camino, pero yo no vi nada, hasta que de repente entre las rocas se empezaban a ver charcos de agua transparente, pero realmente charcos… el primer lo pasé y no le hice mucho caso, el segundo lo toqué y vi que estaba frío, en el tercero metí el bote y bebí un poco, y en el cuarto me puse gocho, es decir bebí como si no hubiera bebido mucho en dos horas (lo que era cierto!), seguía subiendo y en todo charco paraba, me pasa el joven Max Keith, e intento seguirle, pero hay una bajadita en todo el medio de la subida y no le puedo seguir, es pestosísima, dura, blanda, rocosa… no sabría definirla. Volvemos a subir y cada vez está más empinado, muy empinado y me siento bien, y empiezo a tirar, y pillo a uno, pillo a otro y me pongo detrás de Max, le sigo bien el ritmo, y me motivaba.
 
 

Llegamos a la piedra Vulcano, segunda cumbre de la ascensión justo al límite con la nieve del glaciar, y comienza la bajada, y Max VUELA!. No se cuanto pude llegar a odiar la bajada, no sabía como afrontarla, era arenosa, pero debajo estaba dura como la piedra, por lo que las caídas eran generalizadas, luego te metías de lleno en cárcavas de arena y roca y volabas, hasta que nos metían por un bosque que nos dejaba en el kilómetro 43 y en el avituallamiento llamado Aluvión. Llevo 5 horas y 45 minutos aproximadamente y por delante “supuestamente” me quedan 17 kilómetro y echando mis cálculos, pensé “2 horas”. Pero más allá de la realidad, el terreno a pesar de que no tiene mucho desnivel, no me incitaba a correr, entre el cansancio en las piernas, y el meternos por un sendero a las orillas del rio Petrohue, un hermoso rio de color turquesa, lleno de raíces, subiditas, bajadas, troncos para saltar y charcos, me reventó las piernas. Aun así mantuve el ritmo hasta llegar al avituallamiento de el Solitario. A partir de ahí una subidita para volver a bajar a este punto, la llevé bastante bien, pero luego una vez de vuelta al avituallamiento por delante unos 3 o 4 kilómetros de carretera con ligera subida, donde perdí mucho ritmo (Algo a mejorar, esa carretera sobra!) salí de la carretera y una subida por una pista preciosa, dentro de un bosque, larga con poca pendiente pero que en las circunstancias que iba no me permitía llevar un buen ritmo, casi al final de la subida me adelanta el que finalmente quedó cuarto y no veáis como me jodió, verle correr con tranquilidad, con buen ritmo, con soltura, y… con una mochila donde podía llevar una tienda de campaña, y comida para 2 meses. Me estoy acercando al último avituallamiento y cada vez me doy más cuenta que hay algún kilometrillo de más. Llego a Aluvión, que como bien indica su nombre, es material detrítico en forma de arena, grava, arcilla o limo que se acumula tras las inundaciones de las lluvias o deshielo, y por ahí hasta casi meta, un terreno horrible para rematar. Pero de repente a lo lejos veo unas antenas, bajo, y aprecio lo que es el tejado del Petrohue Lodge, eso sólo significa una cosa, estoy casi en meta. Solo 800 metros me separan de terminar y rematar esta temporada, para mi en lo personal, por la puerta grande, 800 metros de playa, donde corredores, espectadores, y simpes turistas se concentran para animar a los corredores que van finalizando sus aventuras, ya sean de 15 de 30 o de 60 kilómetros. Paso la meta y me espera el equipo de Lafuma al completo, me entrevistan y suelto algunas sandeces… pero yo solo con la mirada busco una cosa, busco mi recompensa: CERVEZA, y la encuentro. Está demostrado que la cerveza sabe mejor, según las horas de sufrimiento, por lo que mis 8 horas de sufrimiento, mi SEXTO puesto, mis buenas sensaciones (dentro de lo que cabe), hicieron que esa cerveza, supiese a gloria, casi que fuese la mejor cerveza tomada en todo el año…
Por lo demás el resto de compañeros disfrutaron como enanos, hicieron carrerones, y demostraron que el Trail chileno tiene mucho que decir.
Repecto a la carrera, que más puedo decir: Una primera edición en la que han trabajado mucho, sobre todo en difusión. Un recorrido bastante bien elegido, al que se le podría meter algún cambio en la última parte para evitar tocar la carretera.  Avituallamientos correctísimos y ambiente espectacular. Podría hacer algún comentario negativo, como el precio de la inscripción ya que en Europa, 150 euros de inscripción por una carrera de 65 kilómetros es excesivo, pero viendo los precios que se manejan allí puede estar dentro de la media. Algo que en un principio los organizadores americanos deberían tener en cuenta, es el popular el que hace la carrera, y poniendo precios elevados se reduce mucho el margen de participación de corredores, ya que no todos los corredores podrían correr más de 3 carreras al año. En cambio, aquí en España, por suerte en parte se siguen políticas de precios bajos por lo que los corredores tenemos la suerte de poder competir muchos fines de semana seguidos… pero bueno, como ya digo esto es algo más cultural que otra cosa.
Carrera recomendable, y por supuesto en 2014 se intentará volver de nuevo, si no es a esta, será a alguna otra… más al sur ;)

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